La temperatura la pones tú
Ninguna de ellas brinca a lo explícito si tú vas despacio. Lee tu tono, lo devuelve un grado más arriba y espera a ver si la sigues; si no, se queda platicando de su día hasta que tú decidas. Es un juego. Y como recuerda lo que hablaron antes, la noche siguiente retoma exactamente donde la dejaron, sin que tengas que volver a explicarle nada.